Queremos tener nuestras vidas planificadas al milímetro. Cuando creemos que nuestro primogénito ya es lo suficientemente mayor, o nos vemos muy bien en nuestro papel de padres menos primerizos que ya creen saberlo todo, decidimos dar el paso de buscar el segundo hijo. El hermanito. Ese mini ser en el que confiamos para que el mayor no se sienta nunca solo, para que se apoyen mutuamente, para que puedan tener un amigo y un amor inquebrantable y de por vida… No vemos los contras de aumentar la familia ¡y eso está muy bien! Y los celos entre hermanos, sí sabemos que existen, conocemos casos muy catastróficos de odios infantiles, otros más llevaderos, otros en los que nunca hicieron acto de presencia. Pero ¿qué situación es la que nos tocará vivir a nosotros? Como en tantas otras fases de la crianza, sobrevivir a los celos entre hermanos es una lotería más, y no podemos hacer hasta vernos en plena situación ¿o sí? En realidad, sí hay ciertas tácticas que pueden ayudarnos para que el mayor, que será el niño que en un primer momento podría desvelarnos con sus malos pensamientos acerca de nuestra relación con el recién nacido, no sienta que el nuevo ha llegado para restarle protagonismo y arrebatarle su lugar y el amor de sus padres. Si os sentís desbordados ante estos episodios tan frecuentes ¡probad alguna de estas técnicas! Porque pueden tener muy buenos resultados.

1. Durante el embarazo

Cuanto mayor sea la diferencia de edad, más recursos necesitaremos. Si los hermanos nacen muy seguidos, el mayor seguirá siendo pequeño cuando nazca el segundo, por lo que pronto se incorporará como una rutina de su vida. Pero los que han vivido durante muchos años como hijos únicos pueden acoger la noticia de muy buen grado en un primer momento, e ir arrepintiéndose después. Puede que les haga ilusión la llegada del hermanito, pero los celos entre hermanos no surgirán con la primera ecografía, sino con el roce diario y la convivencia.

Durante el embarazo, podemos recurrir a libros y cuentos relacionados con esta temática, de forma que el niño pueda abarcar mejor el concepto de lo que va a implicar el nuevo nacimiento. Relacionar al bebé con aspectos positivos le ayudará a crearse una imagen mejor de su papel como hermano mayor. ¡Pero no exageremos! Hay que ser realistas para no transmitir el mensaje erróneo de que la vida será una fiesta constante tras la llegada del bebé, porque todos sabemos que no será así.

2. No prohibirles tocar al bebé

Al principio, la sobreprotección del recién nacido frente a la brusquedad del hermano mayor puede hacer que saquemos las cosas de quicio y que el hermano acabe por odiar a ese supuesto ser tan frágil que es el pequeño. Por supuesto, necesitan supervisión, pero os sorprenderá lo delicados que pueden ser hasta los niños con menos tacto cuando tienen un bebé delante. Debemos permitirles esa proximidad, besarlos, tocarlos, cogerlos con nuestra ayuda, para que sientan que el hermano también es algo de ellos, y no un mero foco que absorbe toda la atención de los adultos de la casa al que los niños tienen prácticamente prohibido acercarse.

3. Pedir su ayuda y dejarles colaborar

Incluso desde el embarazo, habrá niños deseosos de implicarse en los preparativos para recibir al hermano pequeño: compras de puericultura, ropa, cambios en casa…Si los tratamos como un miembro más en la toma de decisión, les pedimos su opinión y su ayuda, reforzaremos su imagen de hermanos mayores con voz y voto ante la gran novedad que se avecina. Cuando nazca el bebé, una buena forma de sobrevivir a los celos entre hermanos es darles la oportunidad de ayudarnos en pequeñas tareas relacionadas con el cuidado del recién nacido: cambio de pañales, la hora del baño, la alimentación y por supuestosupuesto ¡los ratos de juego! No hay bebé que no suelte montones de carcajadas cuando sus hermanos mayores les gritan e incitan a jugar. Igualmente, si el niño no quiere colaborar en estas actividades, ya que en ocasiones se cansan o no sienten un interés especial por hacerlo, tampoco debemos forzarles a tomar parte, para que no lo tomen como una obligación o una carga.

4. Repartir la atención

Por lo general, las madres solemos estar más pendientes del recién nacido, mientras los hermanos mayores pasarán más tiempo a cargo del padre e incluso de otros familiares hasta que la situación se vaya normalizando. Dependiendo de cada familia, puede que la intromisión del bebé sea mínima, si el mayor ya tenía un vínculo muy estrecho con esos otros adultos que van a pasar más tiempo con ellos. Pero si el apego a la madre era muy exclusivo, sobrevivir a los celos entre hermanos se complica.Requerirá de mucho esfuerzo y paciencia, porque la logística en casa con un nuevo bebé será más complicada, pero debemos tratar de encontrar algunos minutos para hacer actividades a solas con los hermanos mayores: ir al parque sin el bebé, leer un cuento aprovechando que el pequeño duerme, salir al cine, a dar un paseo, hacer sus actividades favoritas. Los mayores lo agradecerán, interiorizarán que pese a todas las atenciones que requiere el recién nacido, sus padres siempre van a tener tiempo para ellos. Incluso cuando la separación física del pequeño sea imposible (bebés muy demandantes, lactantes, etc.) tratar de establecer una cierta distancia, y casi “ignorar” la presencia del recién nacido, si no requiere atenciones en ese momento, para dedicarnos al 100% al hermano. No obstante ¡no sufráis en exceso! Este punto asusta mucho a los padres, que no ven la forma de dividirse o de duplicar el tiempo, y en ocasiones, los hermanos mayores aceptan tremendamente bien la presencia del bebé en cada parcela de sus vidas, cuestión muy positiva con la que nunca solemos contar por adelantado.

5. Vigilar los comentarios del entorno

De poco servirán las buenas intenciones y todas las precauciones que tomemos en casa, si la familia y amigos nos sabotean, muchas veces sin querer. Las comparaciones entre el bebé y el hermano mayor, el restarle atención y juegos al primogénito, cuando hasta hace 2 días todos se disputaban el tiempo con él, y expresiones como “El bebé es muy bueno, no como tú”, “Mira qué bien se porta tu hermanito. Tienes que ser igual que él” y demás sentencias similares, harán que por muy inocente y comprensivo que sea el hijo mayor, acabe indignado y harto de su cambio de situación. Pensad en vosotros mismos como adultos ¿a quién puede agradarle semejante panorama? Pues lo mismo ocurrirá con los niños. A nadie le gusta que le insistan en las virtudes de otros mientras destacan nuestros propios defectos.

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