El primer día en que nuestro pequeño se incorpora a la guardería suele vivirse de un modo realmente intenso por parte de toda la familia. Tanto padres como hijos se enfrentan a una situación desconocida y que les causa cierta desazón.

Al igual que nos sucede a los adultos ante situaciones estresantes, hay niños que pasan por este trance sin problema alguno y se muestran felices y encantados con su nuevo entorno, sus nuevos amigos y sus profesoras. Pero, para muchos otros (puede que para la mayoría), es una situación que viven con ansiedad, incertidumbre y miedo. Su mundo reducido hasta ese momento y sus cuidadores cercanos, queridos y conocidos por él cambian; y, de repente, se encuentran en un ambiente extraño, en el que todo y todos les son ajenos.

 ¿Qué cambios podemos esperar con la incorporación a la escuela infantil de nuestros hijos?

Ante todo, hay que recordar que no existe un manual universal aplicable a todo niño. Es necesario tener en cuenta que las circunstancias de cada uno son distintas, al igual que su carácter y sus necesidades. Pero existen unas pautas que suelen observarse en una gran mayoría de los pequeños, en lo que dura la adaptación a su nueva vida:

  • Es posible observar cambios en los patrones del sueño de nuestros hijos. Los despertares nocturnos, el hecho de que les cueste más dormirse o que se despierten excesivamente pronto no son más que síntomas de su ansiedad ante la nueva situación.
  • Los cambios en el nivel de dependencia también son habituales. Algunos niños presentan un retroceso, en ese sentido, y vuelven a necesitar sentir un contacto físico estrecho con sus padres.
  • El humor y carácter también pueden variar. El hecho de que estén más tristes, irritables, llorones, exigentes… responde a la misma causa: son demasiado pequeños como para gestionar hábilmente los cambios.
  • Algunos experimentan cierto retroceso en el desarrollo. Es posible que vuelvan a pedir el biberón o existan «escapes» cuando ya se ha retirado el pañal, un aumento de la demanda de atenciones o, incluso, un comportamiento propio de cuando eran bebés.
  • Pueden aparecer quejas o síntomas difusos (habitualmente, molestias digestivas) y lo cierto es que no suelen ser una invención. El estrés provocado por el cambio de situación y su incapacidad de manejarlo puede traducirse en molestias psicosomáticas.

Todas estas manifestaciones entran dentro de lo normal durante el periodo en el que nuestros hijos se adaptan a su nuevo entorno. No obstante, debemos estar pendientes de ellas y no, por ser habituales, dejar de prestarles atención, ya que su angustia, incertidumbre, malestar y estrés son reales.

Sobre todo, es importante estar atentos a la duración de los síntomas; ya que, si se prolongan excesivamente en el tiempo, pueden ser señales de que algo no funciona como debería estar haciéndolo.

 ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos en una mejor incorporación a la guardería?

 Los padres no somos meros espectadores durante el proceso de adaptación. Nuestra figura y todo aquello que hagamos o dejemos de hacer ayudarán a que nuestros hijos manejen mejor esos cambios que tanta inquietud les provocan.

 Hablarles del nuevo «cole», anticipando lo que va a suceder, ya que a ellos tampoco les gustan los cambios sorpresivos. Cuanto más adelantemos y detalles ofrezcamos, más les estaremos ayudando. Debemos hablarles en positivo sobre la gran experiencia que están a punto de comenzar.

  • De ser posible, es conveniente conocer la escuela antes de comenzar el curso. Que el niño la recorra, la investigue y se familiarice con el nuevo entorno.
  • Es interesante realizar una incorporación progresiva y evitar que, el primer día, el niño pase allí ocho horas seguidas. Lo aconsejable es ir aumentando, poco a poco, el tiempo alejado de su familia, para que la adaptación sea menos traumática.
  • Si está permitido, que suele estarlo, dejemos que el pequeño vaya a su nuevo cole con su muñeco o mantita de dormir, su propio vaso o biberón (existen unos preciosos, de la marca Twistshake, que enamoran a cualquiera), su juguete preferido o el delantal que suele utilizar en casa (BabyBjörn comercializa el Babero Manga Larga, que también nos tiene prendados). En cualquier caso, algo que les resulte muy familiar y pueda llevar consigo.
  • Es importantísimo despedirse de ellos. Nada de dejarles llorando en brazos de la cuidadora y salir corriendo, por mucha pena que sintamos. Debemos dejar claro al pequeño que nos vamos, pero volveremos, le queremos muchísimo y va a pasar un gran día jugando.
  • Ser pacientes y tratarlos con mucho amor y mucha comprensión, dado que los que realmente lo sufren son ellos. Es conveniente darles tiempo, alabar sus progresos, hablar con ellos e interesarse por su día y sus cosas.

La incorporación a la guardería es el primer paso de nuestros hijos hacia el mundo de los mayores. Si la gestionamos con naturalidad, amor y comprensión, nuestros hijos no tardarán en vivir la nueva situación con normalidad y alegría. Todos los primeros días terminan por pasar y después siempre llega la diversión.

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